Un viejo pistolero y un joven advenedizo que aspira a ladronzuelo unen sus caminos a la fuerza en el "salvaje oeste boliviano". Una batalla desigual entre los dos, la reivindicación (como no) de unos indígenas y un tesoro a conseguir marcan la trama.
El amigo de Amenábar, el pupilo predilecto, su guionista en muchas ocasiones. Mateo Gil es un director español del que sentirnos orgullosos y que me parece está injustamente promocionado. Si algún director famosillo hubiera hecho una pelicula como Blackthorn estoy segura de que se conocería en medio mundo. Hacer un western en estos tiempos en que no se llevan ya, situado en el altiplano boliviano y encima con poca violencia y mucho paisaje, es cuanto menos arriesgado. Yo creo que a Mateo le ha salido, que ha mejorado desde esa promesa que fue Nadie conoce a nadie. No es eso lo que he oído por ahí y lo que parece a la vista de como ha pasado sin pena ni gloria por las carteleras. Pero a mí me ha gustado, aunque reconozco que le veo una cierta visión femenina a la ambientación y al desarrollo de la trama. No sé explicar la razón, pero creo que gustará más a las chicas y a ciertos chicos no al uso.
Por supuesto lo peor de Gil y lo que tiene en común con Amenábar es la malísima elección de Eduardo Noriega, un actor que creo podría ganar cualquier premio al peor actor que se concediera. Tan guapo como inservible. Pero es curioso lo bien que lo han aprovechado aquí, resulta que su personaje es un ingeniero español, entonces no resulta horrible su chapurreo del inglés (idioma en el que está rodada la película), resulta creíble y hasta gracioso. Acierto en el resto del reparto, tanto americanos como bolivianos. Me gustó la banda sonora de western crepuscular moderno y recomiendo encarecidamente la versión original para no perderse los distintos acentos de español e inglés que salen a lo largo del metraje. Es un logrado 7.

